En la encrucijada

sábado, 2 de mayo de 2009


Es tarde y estoy cansado, son las 4:19 de la madrugada y no puedo dormir. Mañana he de madrugar pues tengo oración de 7:00 a 8:00 en el seminario por las vocaciones.
Las dudas, los temores, las angustias surgen ante una encrucijada. De repente siento en mi, todo el peso de una única decisión ¡Señor ayudame! Deseo hacer la voluntad de Dios, pero por mucho que medito no consigo saber la decisión que debo tomar. Ambas son aparentemente buenas y sensatas. Una me habla de prudencia la otra me habla de la audacia. Audacia, prudencia, prudencia, audacia.

Buscando una salida leo en "Reflexiones" de Don Sebastian Gaya:

"Yo me quiero imaginar a cualquiera de los Doce Apóstoles desembarcando una mañana cualquiera en los puertos del imperio. ¿Qué hacer luego? ¿A dónde ir? ¿Con quién contar? ¡Si sólo contaban con el Maestro y su promesa!: "Yo estaré con vosotros..."

Fuera de eso, nada. Fuera de eso, sólo su temple, su voluntad de decisión..., sabiendo que en todo momento se estaban jugando la vida.

Pero..., ¿qué seríamos hoy nosotros si a ellos se les hubiera antojado ser más...
"prudentes"?"

Era Pio XII quien ya pedía a los jovenes las santas audacias y las sabias "
indiscreciones", es decir, el arrojo propio de sus años, puesto al servicio del bien.(...)

(...) cuando el esfuerzo humano se alía con la confianza en la Providencia de Dios, la audacia deja de llamarse temeridad; se llama sencillamente fe.


Creo que ya lo tengo. Impídelo, Señor, si en esto yerro.

2 comentarios:

Ana dijo...

Ya nos contarás si la decisión tomada ha sido la correcta. Bueno, la correcta es seguro, solo falta saber si las consecuencias son las esperadas o no...

apostoles.es dijo...

Gracias Ana. Espero que sea la correcta, desde luego. En estas decisiones hay que apartar lo que uno quiere o le gustaría y saber escuchar por donde va el suave pero soplo del Espíritu. No digo que yo lo consiga, pero es seguro que lo quiero, por eso termino el post con ese "Impídelo, Señor, si en esto yerro"

En cuanto a las consecuencias, uno espera unas, pero es lo de menos, si se hace la voluntad de Dios.

No importa el fruto de mis decisiones sino que con mis decisiones plante mucho grano.